Le regala todas las señas, todas esas pequeñas cosas que la
definen. Cosas que el le enseñó a definir. Le dá la manito que hace una seña
cada vez que habla,que se asemeja a una orden, la marca en la nariz que se hizo
de tocarla tanto. Los enojos repentinos, los gritos inmediatos, los mensajes
sin sentido, el arrepentimiento de hace años, el amor de otros tantos. Se los
regala porque fue lo que mas quiso, pero también, lo que más la hizo sufrir.
Podría decir que le enseñó muchas cosas, pero por sobre todo, le enseñó miserable cuando no debía; y ahora, gracias a
eso, conoce la gran diferencia, y sobre todo, a ser feliz.
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